Contaminación agrícola, consecuencias de las malas prácticas


La agricultura es una actividad desarrollada por el hombre hace más de 10 mil años. Sin embargo, desde sus orígenes hasta la actualidad ha sufrido muchas transformaciones buscando ser más eficiente en la producción.

Uno de los cambios en la forma de trabajar la tierra es la fertilización, que al tiempo de perseguir mayor cantidad y calidad de alimentos también ha contribuido a contaminar el medio ambiente. Aunque no es la única práctica que mal gestionada atenta contra el planeta.

¿Cómo identificar la contaminación?

Desde la antigüedad, la agricultura ha supuesto un impacto ambiental: talar bosques para cultivos o disponer de agua para regar. Pero con la producción a escala esos impactos negativos se han multiplicado y además de la tala y uso de los afluentes hídricos, se ha generado erosión del suelo, pérdida de biodiversidad, contaminación del agua y aire por uso de fertilizantes y plaguicidas, entre otras consecuencias.

En ocasiones es común no identificar a simple vista la contaminación causada por la agricultura, pues suele ser lenta o presentarse internamente en los ecosistemas, como es el caso de los fertilizantes o plaguicidas que se agregan en el suelo o el agua y que se filtran por los conductos subterráneos, llegando hasta los ríos, mares o acuíferos.

Principales efectos de la contaminación agrícola

A continuación se detallaran aquellos principales efectos contaminantes que afectan a la agricultura.

Erosión del suelo

Los monocultivos o uso excesivo de fertilizantes y plaguicidas químicos son dos prácticas que erosionan con mayor facilidad los suelos, acabando con sus propiedades químicas (los nutrientes) y físicas (textura, permeabilidad y retención de agua).

Además, cuando un terreno está erosionado es más susceptible a ser arrastrado por el agua y el polvo, generando desprendimientos o derrumbes.

Anegamiento y salinización

Al contrario de la erosión, el anegamiento de los suelos se produce por la sobreexposición al agua. Cuando los terrenos no cuentan con un drenaje adecuado se pueden encharcar por los riegos, evitando que las raíces del cultivo obtengan oxígeno.

Además, cuando el agua se evapora por el sol, las sales quedan en la superficie y se produce salinización. En ambos casos esta situación atenta contra la fertilidad.

Contaminación del agua

Cuando los fertilizantes y plaguicidas son utilizados en exceso pueden ocasionar contaminación en el agua de los ríos y mares, pero también en los acuíferos o pozos subterráneos. A los primeros llegan arrastrados por la lluvia o por los conductos terrestres, mientras que a los segundos por la filtración natural de los suelos.

De este tipo de contaminación se deriva la muerte de peces y especies que viven bajo el agua, así como problemas sanitarios para los seres humanos tras su consumo.

Deforestación

Aunque suene paradójico, la principal causa de la deforestación a nivel mundial no es la expansión de la agricultura moderna y la ganadería sino de la agricultura de subsistencia o tradicional.

Mientras que la primera se enfoca en optimizar la producción en las hectáreas ya cultivadas, la segunda se caracteriza por invadir bosques nuevos y se presenta sobre todo en regiones en vía de desarrollo, donde los agricultores queman los árboles para obtener el espacio y el abono de las cenizas para algunas cosechas, pero cuando el terreno queda sin nutrientes lo abandonan para buscar otro y repetir allí el proceso.

Otro efecto de la mala gestión agrícola es la emisión de gas de efecto invernadero, debido, principalmente, a la utilización de energías fósiles como el petróleo para sus procesos industrializados.

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