Fitosanitarios ecológicos


La evolución de los productos para realizar los tratamientos necesarios en jardinería y horticultura se dirige cada vez más a productos que sean respetuosos con el medio ambiente, y la producción de productos naturales, biológicos y ecológicos.

 

Productos de origen natural

Son muy tradicionales en la agricultura. Desde siempre, los profesionales han utilizado abonos orgánicos, principalmente mantillo, estiércol fermentado de vaca o caballo, etc. Son productos de acción progresiva sostenida que aportan los nutrientes necesarios, y a la vez mejoran la estructura del terreno incrementando su capacidad para recibir agua y su esponjosidad, a la vez que se potencia la actividad microbiana de los sustratos.

Una de las ventajas de estos abonos naturales, es que no existe el riesgo de que las raíces se quemen o se sequen por una cantidad excesiva en la aplicación.

 

Abonos granulados “bio”

Entre los productos que se encuentran en los mercados de abono granulado para esparcir sobre el terreno y ofrecer los nutrientes que la tierra necesita para los cultivos, hay muchas opciones bio. La base de estos abonos son las algas marinas, el guano y muchos elementos de origen vegetal y animal.

 

Fertilizantes líquidos

Consiguen un efecto más rápido que los anteriores, suministrándose con el agua de riego o pulverizándose sobre las hojas directamente. En su composición son similares a los anteriores, con proporción de guano y de sustancias de origen vegetal y animal muy variadas.

 

Insecticidas biológicos

Su objetivo y ámbito de actuación son las plagas dañinas, intentando respetar insectos beneficiosos. Están compuestos de diferentes elementos de origen natural, como es el caso de las esporas y toxinas del llamado “bacillus thuringiensis, que suele encontrarse en polvo para realizar una mezcla previa a su pulverización, el extracto de neem y el extracto de flores disecadas, denominadas piretrinas.

 

Enfermedades fúngicas

Los tratamientos fungicidas tienen un carácter  únicamente preventivo. Los más ecológicos se basan en sales y óxido de cobro, para prevenir contra mucha variedad de hongos, como el conocido míldiu. Son productos que se disuelven en agua, y gracias a su adeherncia consiguen un efecto rápido, eficaz y duradero.

Otro fungicida es la llamada equisetonia, basado en una saponina que repele a los hongos y que tiene su origen en la cola de caballo. Suele usarse como complemento a los demás abonos, es inocua, biodegradable y totalmente natural.

Las llamadas tricodermas son esporas que provienen de distintas cepas vegetales. En muchos casos se presentan en forma de polvos para aplicar en el terreno y proteger a las raíces de aquellos efectos dañinos de diferentes hongos que operan entre el suelo y el cuello de las plantas.

El permanganato de potasio es un oxidante muy potente, que tiene efectos para la lucha contra la negrilla, musgos y líquenes que se generan sobre diferentes plantas ornamentales, cítricos, olivos, coníferas, etc.

 

La dosis adecuada

Se utilice la presentación que sea, los productos fitosanitarios tienen que utilizarse respetando las recomendaciones del fabricante tanto en lo referente a la dosis que procede aplicar como en la manipulación y precauciones a tener en cuenta. Hay que tener en cuenta que su carácter natural no implica que una aplicación excesiva no pueda resultar perjudicial o contaminante. Las dosis recomendada por el fabricante tiene que considerarse de forma general, y muchas especies no admiten esas proporciones y exigen dosis menores. La aplicación tiene que permitir que la planta pueda asimilarla de forma adecuada y no haya riesgos para el medio ambiente. En materia de protección, las aplicaciones deben practicarse con máscara y guantes con elementos para  proteger piel, boca, ojos y nariz, especialmente si se trata de pulverizaciones.

 

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