Características de la agricultura tradicional y moderna


El crecimiento de la población mundial, una mayor demanda de alimentos y el avance de la tecnología ha marcado un hito en la historia de la humanidad, pero particularmente en la de la agricultura, que ha ido evolucionando en las últimas décadas para responder a los nuevos retos. La actividad agraria tradicional ha cedido su lugar paulatinamente a la moderna. Pero ¿cuáles son las diferencias entre las dos? A continuación os lo explicaremos.

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Agricultura tradicional, apenas para subsistir

Una de las principales características de la agricultura tradicional es la poca tecnificación y uso de la tecnología. Por ello, su producción, que no es a escala, suele alcanzar únicamente para el consumo del agricultor, quien además trabaja la tierra con herramientas como la hoz, la azada o la pala.

En caso de poseer un tractor, éste no es utilizado a su máximo potencial.

Al ser una actividad aún rudimentaria, la producción depende en su mayoría de las capacidades físicas del agricultor y sus trabajadores, por lo que el rendimiento y optimización de recursos es bajo.

A esto se suma que la forma en la que se trabajan los terrenos corresponde a conocimientos o prácticas ancestrales y empíricas.

Por ejemplo, una técnica frecuente es hacer que la ganadería conviva en el terreno en el que se hará el cultivo para que el estiércol sea aprovechado como abono.

También conocida como agricultura de subsistencia (por lo general son policultivos que proporcionan varios tipos de alimentos para el consumo y no para el comercio), está arraigada en países en vía de desarrollo, principalmente de América Latina, Asia y África.

Agricultura moderna, la clave está en la eficiencia

A diferencia de la agricultura tradicional, la moderna se caracteriza por incorporar la ciencia y tecnología para ser más eficiente, ahorrando recursos (tiempo y dinero) y logrando más cantidad y mayor calidad en la producción.

Es precisamente su alta capacidad productiva la que la define como una actividad diseñada para responder a las necesidades de los mercados y comercializar miles de toneladas a nivel interno y externo.

La aplicación de técnicas y la utilización de maquinaria hacen que se reduzca el riesgo por la dependencia de factores externos como el clima o la mano de obra. Si en la agricultura tradicional hay que dedicar largas jornadas para recoger las cosechas, en la moderna esa labor se le puede encomendar a sistemas de precisión incorporados en las cosechadoras, que trabajan autónomamente y con una alta eficiencia. Esto se deriva en mayor producción a menor costo y en un menor tiempo.

Los sistemas de riego, fertilizantes, control de plagas, monitoreo de cultivos, entre otras, son aplicaciones que hacen que la diferencia entre la agricultura tradicional y la moderna sea cada vez mayor, inclinando la balanza hacia la segunda.

España, ¿tradicional o moderna?

La agricultura hace parte de la historia de España. Desde que se disparó la producción industrial a mediados del siglo XX y desde que el país ingresó a la Unión Europea (1986) empezó a recorrer el camino hacia la modernización de esta actividad.

Pese a que hace 30 años la población activa en la agricultura nacional era del 15 por ciento y hoy está en niveles del 5 por ciento, su productividad ha aumentado, así como la calidad de vida de los agricultores.


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