Cultivar lavanda a gran escala: ¿Es viable?


El cultivo de plantas aromáticas, como la lavanda, espliego o lavandín, crece en la península, por lo que se está constituyendo como un complemento económico interesante para muchas explotaciones.

Pero… ¿resulta viable cultivar lavanda a gran escala? Analizamos los números para responder a esta pregunta.

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Diferencias entre la lavanda, espliego y lavandín

Esta especie aromática, típicamente mediterránea, crece de forma salvaje en la zona oriental de la península. De base leñosa y con forma de arbusto, es una planta vivaz que puede superar el metro de altura. La parte útil de la planta la componen sus espigas florecidas.

La lavanda es una planta aromática de la familia de las lamiaceas muy utilizada en la perfumería y cosmética. También se utiliza para fines farmacéuticos. Los cultivos de lavanda se destinan principalmente a la obtención de aceite esencial mediante un proceso de destilación. La planta aguanta bien la sequía y las heladas, pero requiere de unas bases adecuadas para mantener rentable una explotación.

El espliego posee unas flores y aroma muy similares a la lavanda, pero crece en latitudes más bajas. Por su parte, el lavandín es un híbrido entre el espliego y la lavanda, cuyo aroma es más intenso y penetrante. El lavandín presenta mejores rendimientos en aceite esencial por hectárea, pero el precio en el mercado es mayor en el caso del aceite esencial de lavanda.

En cualquier caso, tanto la lavanda como el lavandín son plantas aromáticas muy interesantes. Su cultivo para la obtención de aceite esencial constituye una buena alternativa para la agricultura de secano, sobre todo en áreas poco productivas.

Situación del cultivo de lavanda a gran escala en España

El potencial del cultivo de lavanda en España es grande, debido a las buenas condiciones climáticas. Esto hace posible cosechas de gran calidad que se reconocen en el mercado interno y externo. Sin embargo, el sector de aromáticas tiene en nuestro país algunas dificultades, especialmente la falta de una estructura cooperativa que se encargue de la transformación y la venta final del producto.

La producción de lavanda en nuestro país sigue aumentando. La superficie cultivada de plantas aromáticas es de 500 ha de regadío y 12.000 de secano. Castilla-La Mancha lidera la clasificación de comunidades que producen lavanda con 350 ha de regadío y 5.700 de secano, aunque son datos orientativos susceptibles de cambio dado el constante aumento del cultivo. 

En cuanto a la producción ecológica, la superficie destinada en España era en 2017 de 9.000 hectáreas. 2 tercios corresponden a Castilla-La Mancha y le siguen Aragón, Murcia y Andalucía.

¿Es posible cultivar lavanda a gran escala en la península?

La producción a gran escala no es habitual. La zona productora más extensa, y la que más recuerda a los típicos paisajes de la Toscana italiana o la Provenza francesa, es la de Brihuega en Guadalajara.

Las áreas en España que presentan mayor superficie de cultivo de aromáticas suelen decantarse por estas especies por ser alternativas a los cereales en una búsqueda por constituir explotaciones económicamente más sostenibles. Es el caso de muchos agricultores en Castilla La-Mancha que mantienen explotaciones de secano.

Aunque los comienzos suelen ser complicados, si se busca el asesoramiento adecuado y se trabaja en cooperación, los resultados llegan. Es el caso de las explotaciones de Brihuega que suman 1.250 ha y abastecen a tres destiladoras que producen el 10% de la producción de aceite esencial de lavanda a nivel mundial. Tienen los cultivos y las destilerías en la misma comarca, lo que abarata costes, favorece la calidad y mejora la competitividad en todos los sentidos.

Existen también explotaciones pequeñas, de origen familiar, que tienen en la lavanda su cultivo principal. Sin embargo, lo combinan con la elaboración de productos derivados del aceite de lavanda, como jabón, champú, crema y gel. Es el caso de dos explotaciones de 1 y 3 hectáreas en Cataluña. La primera en Lleida y la segunda en el Pirineo. Con la venta de estos productos cosméticos, se establece un modelo económico que puede ser rentable para explotaciones de los tamaños mencionados. 

Cabe tener en cuenta que la inversión inicial para poner en marcha una explotación de lavanda es alta, empezando por el precio de la planta (el coste por unidad es de unos 20 céntimos, la inversión por hectárea puede alcanzar los 2.000€). De ahí que se empiece con pocas hectáreas. Sumado a esto, los aperos típicos que se utilizan en otros cultivos no son útiles para la lavanda. Por lo general, hay que traer la maquinaria de Francia, lo que encarece más si cabe el producto.

Ayudas para el cultivo de lavanda a gran escala

Dado que la mayor superficie de cultivo se encuentra en esta comunidad, Castilla-La Mancha aprobó en 2017 una subvención de 1’5 millones de euros para el cultivo de plantas aromáticas. En consecuencia, los agricultores manchegos han solicitado ayudas para aumentar la superficie de cultivo en 1.000 ha, siendo la provincia de Guadalajara la que más solicitudes ha hecho (el 50% del total).

Estas ayudas unidas a la potencialidad de las aromáticas hacen prever que el sector seguirá creciendo. Sin embargo, hoy por hoy, las explotaciones de lavanda a gran escala no son muchas. La tendencia es la constitución del cultivo de lavanda como una alternativa de diversificación económica y de desarrollo rural en las zonas en las que el cultivo se adapta bien. A pesar de todo, la fuerte inversión inicial tanto económica como de conocimientos hacen que la lavanda no sea una solución milagrosa ni mágica.

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