Los Cultivos de secano


En la agricultura más tradicional, la agricultura sin riego, ha venido alternando un año de cultivo con otro de barbecho, sobre todo en la parte mediterránea.

Incluso la época sin cultivo, en que el suelo permanecía desnudo, solía ampliarse más allá de un año. La finalidad el barbecho era que el terreno se recuperara en su fertilidad.

A partir de mediados del siglo XX, se fueron explorando las posibilidades para conseguir plantas mejoradoras del suelo, como es el caso de las leguminosas y su aporte de nitrógeno, la aplicación de fertilizantes inorgánicos, etc.

Tipología de los barbechos

Los barbechos se utilizan en el secano, pero también en el regadío, durante el invierno sobre todo, entre 3 y 5 meses. Suelen clasificarse en blancos, cuando únicamente se realizan labores de mantenimiento, y verdes o semillados cuando se siembran plantas que mejoran en suelo, como es el caso de plantas leguminosas anuales.

Cultivos de cobertura

Los denominados como cultivos de cobertura se utilizan fundamentalmente para potenciar la fertilidad del suelo, su calidad, el aporte de la humedad adecuada, el control de plagas y enfermedades, etc.

Estos cultivos de cobertura se apoyan en el concepto global de agricultura sostenible.

De esta forma, los agricultores van a elegir las modalidades de cultivo de cobertura que aplicarán, en función de las necesidades y objetivos de su terreno, así como la influencia de factores biológicos, ambientales, sociales, culturales y económicos de su sector.

Captación de agua

En el proceso de captación y almacenamiento de agua para su uso en plantaciones, hay diversos métodos, bien sea mediante microestructuras que guían el agua hasta las líneas de plantas específicas, con el llamado riego por inundación, es decir, captando el agua y llevándolo desde la cuenca de captación al sitio del cultivo, o bien recogiendo esta agua de la cuenca de captación y almacenándola en lagunas, embalses, etc., para utilizarla durante los períodos secos.

  • Conservación de agua in situ

Las labores realizadas sobre la tierra pueden provocar el efecto de que el agua de la lluvia no penetre como podría hacerlo.

Entre las soluciones para aprovechar las aguas procedentes de la lluvia estaría la modificación en los métodos de volteo del terreno, pero lo ideal es captar el agua de lluvia de las áreas vecinas y conducirla al suelo cultivado, mediante acequias de derivación, conducir el agua a base de pequeños diques, incluso modificar perfiles de caminos, con vertiente hacia los cultivos.

  • Riego por inundación

En esta modalidad, el agua que procede del centro de acopio, bien sea embalse o pantano cercano, es derivado hacia la plantación a través de canales de distribución, por efecto de la gravedad, inundando la zona de plantación.

Labor del profesional será que esta agua se reparta por todo el cultivo de forma homogénea.

  • Almacenamiento para riego suplementario

Se trata de infraestructuras un poco más costosas, a base de cisternas, presas, balsas, estanques, etc., que reducen los riesgos de pérdidas de rendimiento, en el caso de las sequías.

Agua de lluvia y control de riesgos

El uso del agua de la lluvia y su captación puede aumentar el rendimiento de los cultivos, pues no solo aporta el agua que el cultivo necesita, sino también recarga la parte subterránea de la plantación, ayudando a disminuir los efectos de la erosión del suelo.

En los cultivos de secano es fundamental el concepto de control de riesgos. A mayor riesgo de pérdida de cosechas por factores ambientales, como es el caso de la sequía menor es la inversión de los profesionales de la agricultura en fertilizantes, productos fitosanitarios, etc.

Para la reducción de estos riesgos, lo ideal es el riego por inundación, combinado con el riego suplementario.

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