Modelo agropecuario intensivo: cantidad y calidad


El modelo agropecuario intensivo -también conocido como moderno o industrial- es el que produce la mayor cantidad de alimentos actualmente en España y el mundo.

Se basa en usar intensivamente la tierra, cultivándola por lo general dos veces al año (primavera–verano y otoño–invierno)  para obtener el mayor provecho posible en la producción, la cual se comercializa a nivel local o externo.

Se vale de maquinaria, mano de obra, tecnología, fertilización, sistemas de riego y fumigación, entre otras herramientas modernas. Y pese a que necesita de menos terreno para producir comparándolo con la agricultura extensiva, por lo general su extensión es de más de cien hectáreas.

 

Características de la agricultura intensiva

En entradas anteriores os hemos explicado las características,  ventajas y desventajas principales de la agricultura extensiva.

En este caso, el modelo agropecuario intensivo también tiene factores a favor y en contra, pero depende de la gestión de cada agricultor el que las prácticas sean sostenibles o no.

Debido a su tamaño, la agricultura y ganadería intensivas demandan mayores recursos naturales, principalmente agua.

Entre los sistemas de riego se destacan los localizados (goteo y exudación), aspersión (aspersión convencional, pivot, cañones y microaspersión) y por gravedad (surcos e inundación). Entre estos se consideran más eficientes los localizados.

Asimismo, dependiendo del tipo de cultivo se pueden identificar diferentes técnicas de producción. Por ejemplo, en horticultura son comunes los sistemas de forzado y semiforzado, que consisten en cubrir total o parcialmente el cultivo con una lámina de plástico: túneles, invernaderos, enarenados o cultivos hidropónicos.

Sin embargo, cabe recordar que el uso excesivo de estas láminas supone un problema ambiental, debido a la degradación lenta del plástico. Si la opción es la incineración, la combustión del material produce contaminación atmosférica. Una alternativa es optar por láminas biodegradables, aunque el costo aún es elevado.

 

¿Y la ganadería intensiva?

Por su parte, la ganadería intensiva se basa en el mantenimiento y reproducción de especies bajo ciclos productivos dinámicos. Se caracteriza por no depender exclusivamente del uso de grandes extensiones de tierra, pues los animales viven estabulados (en establos), facilitando también el control de las condiciones de salud y ambientales.

Su principal requerimiento son las grandes cantidades de piensos para la alimentación y engorde.

Como hemos visto, una característica que podemos concluir del modelo general agropecuario intensivo es la capacidad que tiene para alcanzar altos niveles productivos sin necesidad de acudir a más extensiones de tierra, así como de ofrecer durante gran parte del año productos en cantidad y calidad que antes eran exclusivos de estaciones o meses en particular.

 

Almería, un ejemplo de exportación con la agricultura intensiva

En España, los modelos agropecuarios intensivos han ayudado a elevar la productividad y mejorar la eficiencia en los procesos, impactando positivamente en la cantidad y calidad de los alimentos.

Almería es un ejemplo para mostrar de cómo las técnicas intensivas han desarrollado y potenciado su economía, pasando de ocupar en los años 70 los puestos bajos en renta per cápita a ocupar la parte alta de la tabla en la actualidad, produciendo cerca de 2.800 toneladas de alimentos (tomate, pimiento, berenjena, calabacín, melón, sandía o pepino, entre otros) por valor de más de 1.500 millones de euros.

El destino principal de dicha producción es la Unión Europea: Alemania, Francia, Holanda y Reino Unido, principalmente.

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