¿Qué tipo de abono debo elegir?


El objetivo principal de los agricultores es alcanzar la mayor producción posible con una excelente calidad.

Para lograrlo, la decisión más importante que deben tomar antes de sembrar tiene que ver con el tipo de abono a utilizar dependiendo de las características específicas del cultivo.

Pese a que todos los fertilizantes tienen la misión de mejorar las condiciones de la tierra y proveer los nutrientes, existen varias opciones para elegir.

Hay diferentes clasificaciones para los abonos o fertilizantes, como el tipo de abono para frutales , pero de la que hablaremos hoy es la que tiene que ver con su origen: orgánicos o inorgánicos.

En ambos casos también hay una subclasificación que depende de la composición y cantidad de nutrientes que aporta.

¿Cuál es la mejor? No hay mejor ni peor, pues la elección depende de variables como condición climatológica, fertilidad del suelo, agua disponible, tipo de fruto, entre otras.

Los tipos de Abono en uso

Ahora os explicaremos en qué consiste cada tipo de abono para que podáis decidir.

Abono orgánico

Se origina por la descomposición de residuos animales o vegetales, por lo que aporta al suelo los nutrientes que los cultivos conseguirían de forma natural. Tienen efectos positivos en la composición química, física y biológica del suelo, mejorando su textura, permeabilidad y retención de agua, reduciendo las oscilaciones del PH, y estimulando la actividad y multiplicación de los microorganismos. Sin embargo, su acción es lenta, algo que podría llegar a considerarse como una desventaja.

Entre los abonos orgánicos más utilizados se encuentran el compost o compostaje, estiércol, turba, abono verde o humus de lombriz. Si deseáis conocer los detalles de cada uno de estos tipos de abono, os invitamos a consultar nuestra entrada dedicada exclusivamente a este tema.

Abono inorgánico

Este compuesto, que no tiene materia orgánica -ni vegetal ni animal- se puede obtener de forma natural por medio de minerales extraídos de la tierra o también se puede producir artificialmente en los laboratorios.

Suele ser el más utilizado debido a la facilidad y rapidez para disolverse en el suelo y ser absorbido por las raíces, así como por los altos niveles de concentración de nutrientes esenciales: calcio, potasio, nitrógeno y fósforo.

Antes de seguir, es importante recordar que el nitrógeno (N) promueve el crecimiento de las hojas y los frutos, el fósforo (P) se encarga del correcto desarrollo y funcionamiento de las raíces, y el potasio (K) favorece la multiplicación celular y la formación óptima de los tejidos.

Precisamente en función de sus nutrientes, los abonos inorgánicos también se pueden dividir en simples (nitrogenados, potásicos y fosfatados), es decir que contienen una sola sustancia, o en complejos (que contienen más de un elemento o los tres al mismo tiempo, entre nitrógeno, fósforo o potasio).

Adicionalmente, los abonos inorgánicos también se pueden categorizar debido a su presentación: sólidos, líquidos o blending –en inglés significa mezcla-.

Pero lo que debéis tener en cuenta para elegir el tipo de abono, más allá de la forma, composición u origen, es su función de devolver los nutrientes a la tierra para obtener los mayores rendimientos.

Optar por uno orgánico o inorgánico, así como por algunas de sus diferentes presentaciones, es cuestión de gustos desde que se haga de forma consciente y responsable.

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