Cultivos de cereal, cuidados para tener en cuenta


Los cereales gozan de una popularidad muy bien ganada: fue la primera especie que cultivó el hombre hace más de 10 mil años. Resisten diferentes condiciones climatológicas; son ricos en proteínas y fundamentales en la dieta humana; conservan sus cualidades por largo tiempo, lo que facilita el almacenamiento; existe una gran variedad de frutos; sirven para otros usos, como la fabricación de bioetanol; durante la cosecha no sólo se aprovecha la semilla sino también la paja, que sirve en la alimentación del ganado o como cubierta vegetal para algunos cultivos, entre otras cualidades.

España, el quinto mayor productor de la UE

Según el más reciente informe hecho por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el pronóstico sobre la producción mundial de cereales en 2016 es cercano a 2.521 millones de toneladas, de las que la Unión Europea aportará un estimado de 307,6 millones de toneladas.

España, por su parte, pondría la quinta mayor producción de la UE, con 18,8 millones de toneladas, por detrás de Francia (71,6 MT), Alemania (48,3 MT), Polonia (29,9 MT) y Reino Unido (24,4 MT).

Pero para que la producción sea la esperada, es necesario conocer muy bien las necesidades de cada tipo de cereal, así como la forma y fecha más adecuada para sembrarlos. Empecemos por recordar que son de ciclo vegetativo anual, por lo que se dividen en cereales de invierno y cereales de verano.

En España los que más se cultivan son: trigo, cebada, avena, centeno (de invierno), triticale, maíz y sorgo (de verano). Esta producción corresponde a más del 60 por ciento de la superficie total de cultivos herbáceos.

El suelo, un factor primordial

Sea de invierno o de verano, el terreno de siembra de los cereales debe estar en óptimas condiciones físicas y químicas, así como cumplir con ciertas especificaciones para obtener buenos resultados.

La profundidad a la que se sembrará dependerá del tamaño de la semilla, de la humedad del suelo o de las condiciones climáticas, pues –por ejemplo- hay cereales que resisten más o menos el frío, por lo que a mayor profundidad hay más frío.

También se debe tener en cuenta la distancia entre las semillas, pues de ésta dependerá la sana competencia entre las raíces del cultivo o la penetración de la luz. Cuando se utiliza una sembradora se suele variar entre los 10 y los 30 centímetros de distancia.

Los cereales, al igual que los demás cultivos, necesitan un terreno que les aporte los principales macronutrientes (nitrógeno, fósforo y potasio). La cantidad de abono adecuada dependerá de las condiciones en las que se encuentre el suelo. Por ejemplo, la mayoría de los cereales requieren 3 kilogramos de nitrógeno por cada 100 kilogramos de cosecha.

Controlar las malas hierbas y plagas

Las malas hierbas son una de las competencias principales de los cultivos, absorbiendo los nutrientes del suelo que deberían ser aprovechados por los cereales.

Una de las fórmulas para combatirlos es el laboreo o la fumigación selectiva, aunque en casos como los de la “avena loca” al ser parte de la misma familia de los cereales el resultado puede ser eliminación del propio cultivo.

Por último, uno de los aspectos a tener en cuenta en el cuidado del cultivo de cereal es el control de las plagas, las cuales pueden atacar todas las partes de la planta en las diferentes fases de desarrollo.

Hongos e insectos, como los gusanos Agriotes deterioran las semillas; las moscas Mayetiola Destructor afectan la vegetación o los pulgones, que asaltan las espigas. Para controlarlos se requieren un manejo adecuado de los residuos de las cosechas anteriores, por medio de los cuales se pueden transmitir.

En todo caso, la detección a tiempo de las plagas es el primer paso para erradicarlas.

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