La agricultura inorgánica


Desde la antigüedad, el ser humano ha ido modificando los procesos naturales asociados a la agricultura, para así conseguir satisfacer su necesidad de alimento, y no ha parado de incorporar innovaciones tecnológicas que aportan una mayor productividad.

Este proceso evolutivo ha ido transformando una agricultura básica y elemental a otra compleja, dominada por procedimientos industriales.

En la actualidad, y como contraposición a esta agricultura industrial, ha ido surgiendo con fuerza la idea de la protección al medio ambiente y al espectro social, con la protección de cultivos y terrenos a través de buenas prácticas, como es el caso del reciclado de nutrientes y del uso de componentes orgánicos, rotaciones en los cultivos, y evitar pesticidas, herbicidas, y productos fitosanitarios sintéticos.

 

Alimentos orgánicos e inorgánicos

Aunque tradicionalmente los consumidores, en el momento de adquirir sus productos, comprobaban básicamente el precio y la calidad, hoy en día se revisan otros factores y variables, como es el caso del uso de fertilizantes y fitosanitarios químicos. En definitiva, se busca la “dieta orgánica” y plenamente saludable.

Aunque el coste de comprar estos alimentos de carácter orgánico es superior, los beneficios que aportan compensan este incremento en el precio.

Ya existen en el mercado productos orgánicos de variada índole, tanto en la carne, lácteos, legumbres, huevos, verduras, frutas, etc.

La diferencia principal entre los alimentos orgánicos e inorgánicos está en el procedimiento de producción.

En el caso de los alimentos no orgánicos el uso de fertilizantes, insecticidas, antibióticos e incluso hormonas de crecimiento se utiliza para subir la producción.

En los productos orgánicos también se utilizan fertilizantes, pero son de carácter natural, como es el caso de estiércol, hoja picada, y diferentes harinas.

 

Fertilizantes orgánicos e inorgánicos

Los fertilizantes inorgánicos tienen su origen en compuestos químicos que tratan de aportar los nutrientes que los cultivos necesitan para su óptimo crecimiento, en función de cada modalidad de plantación.

Su utilización es muy superior al caso de los fertilizantes orgánicos, entre otras cosas porque los beneficios conseguidos a través de ellos son mayores, gracias a un mayor aporte nutricional para los terrenos.

Entre los nutrientes que los fertilizantes inorgánicos van a suministrar al suelo de cultivos está el nitrógeno (elemento fundamental para el desarrollo de proteínas, así como de clorofila), potasio y fósforo.

Estos dos últimos elementos conseguirán que la planta sea fuerte y resistente para afrontar plagas, enfermedades, etc.

 

Precauciones con los fertilizantes inorgánicos

Aunque el uso de productos inorgánicos devuelve al suelo los nutrientes que necesita, incrementando la cantidad y la calidad de los cultivos, un uso inadecuado de los mismos puede originar intoxicaciones y contaminación, que incluso afectará al agua subterránea de la zona.

La lluvia y el riego de la plantación irán derivando estos productos fertilizantes inorgánicos hasta las fuentes de agua, contaminándolas con sus componentes químicos, con el riesgo de una intoxicación de las personas que vivan en el entorno.

También es importante seleccionar los productos fitosanitarios inorgánicos más adecuados en función del tipo de plantación, y de los componentes de los fertilizantes.

Es preciso tener en cuenta que los compuestos de estos abonos químicos y sintéticos pueden combinarse entre ellos y provocar la contaminación de la plantación.

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