Fertilizantes potásicos, ¿Cuál elegir?


Cuando tenemos dudas sobre la necesidad de utilizar, o no, fertilizantes la mejor respuesta siempre la obtendremos del suelo.

Allí existe una gran variedad de nutrientes que alimentan la siembra aunque son tres los esenciales: fósforo, nitrógeno y potasio.

En esta ocasión os hablaremos de los fertilizantes potásicos, que suelen no tener tanto protagonismo, pues las bondades que ofrece no saltan fácilmente a la vista como sí sucede con los  nitrogenados (aumentan el tamaño) o los fosfatados (aumentan la cantidad), pero sin los cuales no sería posible la buena salud de los cultivos.

Algunos de los síntomas más comunes que evidencian la deficiencia de potasio son los bordes quemados de las hojas, crecimiento lento, tallos débiles, semillas y frutos pequeños, poca resistencia a las enfermedades y plagas, y mayor susceptibilidad a sequías y heladas.

Tres presentaciones principales de fertilizantes potásicos

Cuando ya hemos determinado que es necesario agregar potasio a nuestros cultivos, el siguiente paso es definir qué fertilizante utilizar. A nivel mundial, la principal fuente de este nutriente es el cloruro de potasio, seguido por el sulfato de potasio y el nitrato de potasio.

Cloruro de potasio

Este tipo de sal, que en España se extrae de varios yacimientos, se presenta cristalizado en pequeños gránulos solubles en agua. La concentración adecuada para el uso como fertilizante es la de un 50 por ciento, mientras que las que sean mayores se suelen destinar para uso industrial.

Las principales recomendaciones a la hora de aplicar el cloruro de potasio como fertilizante son: evitar sobreexposición de este mineral en los cultivos, evitar aplicar niveles elevados en suelos con problemas de drenaje y/o salinidad, y verificar siempre la sensibilidad del cultivo.

Sulfato de potasio

Su utilización en España es más reducida debido a que se obtiene como derivado del cloruro y su precio es mayor, pese a que su presentación es similar: color blanco, cristalino y soluble en agua.

El sulfato tiene un contenido del 18 por ciento de azufre, por lo que en caso de que el suelo tenga deficiencia en este nutriente se recomienda su aplicación. A diferencia del cloruro, el sulfato tiene bajo índice salino por lo que puede aplicarse en terrenos con problemas de salinidad.

Nitrato de potasio

Esta presentación goza de gran popularidad entre los agricultores debido a su gran valor nutricional y el impacto positivo que tiene en el rendimiento de los cultivos debido a sus características químicas y físicas.  El nitrato está disponible en un gran número de compuestos y formulaciones, que –además- se adaptan muy bien a las especificaciones de diversos ambientes.

Su solubilidad es máxima, siendo entre dos y tres veces mayor que la del sulfato y con un tiempo de disolución menor. Estas propiedades permiten elaborar y aplicar soluciones más concentradas.

¿Cómo saber cuál elegir?

Esta pregunta, que se formulan los agricultores a la hora de decidir entre cloruro, sulfato o nitrato de potasio, depende en gran medida al tipo de terreno.

Aunque es cierto que existen cultivos que responden indistintamente a cualquiera de las tres presentaciones del fertilizante potásico, hay otros, en cambio, a los que les conviene una más que la otra.

Por ejemplo, según se reseña en un documento publicado en el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente sobre abonos potásicos, se estima que hay diferencia en su aplicación entre tres cultivos tradicionales de España: remolacha, patata  y tabaco.

Mientras que en el primero es indiferente que su abonado potásico se haga bajo forma de cloruro o de sulfato, “a los otros dos les conviene más el sulfato, a no ser que para la patata se acuda a fertilizar intensamente con cloruro el cultivo que le anteceda en la alternativa de cosechas y pueda después beneficiarse ésta por haber echado el abono en franco exceso para aquél”, dice el citado texto de la web de la entidad.

2 Comments

Add yours

+ Publica un comentario