El riego del olivo: ¿cómo afecta a la producción?


Como sabes, tradicionalmente, el olivar ha sido un cultivo típico de secano. Las características de la planta, que tiene capacidad para resistir sequías prolongadas y produce fruto aunque el aporte de agua sea bajo, han favorecido la adaptación del secano durante años. Sin embargo, en la actualidad son muchos los olivicultores que han optado por incluir el riego en sus plantaciones de secano. ¿Es tu caso?

El resultado de regar es que el cultivo responde bien a los aportes de agua y se empieza a posicionar como uno de los cultivos que mejor rentabiliza el riego. En este artículo te exponemos las diferentes formas de riego del olivo, cómo el aporte de agua afecta a la producción y si eso lo convierte en una práctica rentable.

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Cuáles son las necesidades hídricas del olivo

Como ya hemos apuntado, el olivo es un árbol típico del clima mediterráneo muy tolerante a la sequía. Es perfecto para el cultivo en secano porque cuenta con un sistema radicular extenso y sus hojas tienen pocos estomas en el envés; por el contrario, estos se sitúan en ligeras depresiones que crean un microclima que disminuye la transpiración y la pérdida de humedad. 

En caso de regar, debes saber que el momento en el que el olivo gasta más agua se sitúa entre la prefloración y la maduración. Por si fuera poco, esto coincide con el periodo de mayor escasez de lluvias.

Para establecer las necesidades de riego de una explotación de olivos, lo primero que debe hacerse es obtener algunos datos:

  • De la plantación: cuál es la densidad y el tamaño de los olivos. Este último dato se corresponde con el volumen de la copa.
  • Del tipo de suelo y su profundidad.
  • Del clima: evapotranspiración, pluviometría…

Además de esta información, las necesidades hídricas del olivo se calculan en base a la producción que se espera y el porcentaje del área foliar que hay por hectárea. El método utilizado es el del balance con el que se obtienen las necesidades de riego en función del régimen de lluvias y el tipo de suelo.

Cómo afecta la estacionalidad a los requerimientos hídricos

Según el proceso en el que se encuentre la planta, el efecto del déficit de agua tendrá unas consecuencias u otras:

  • Durante el proceso vegetativo, la falta de agua reduce el crecimiento. El efecto se manifiesta en la cosecha siguiente. Debes tener en cuenta que el olivo tiene dos paradas vegetativas; la del invierno es la más significativa. Durante el verano puede volver a parar si hay sequía y calor.
  • Si le falta agua durante el desarrollo de las yemas florales, de febrero a abril, se reduce el número de flores, y la cosecha de ese año se ve afectada.
  • Durante la floración, en el mes de mayo, la falta de agua reduce la fecundación, lo que también repercute en la cosecha en curso.
  • Durante el cuajado de los frutos, momento crítico de mayo a junio, el poco aporte hídrico disminuye la cosecha actual. Por tanto, aportar agua en este momento supone diferencias muy grandes de producción.
  • En junio y hasta la cosecha, mientras crece el fruto, si falta agua, el tamaño de la aceituna disminuye.
  • De julio a noviembre, la falta de agua puede comprometer la acumulación de aceite del fruto. Es otro momento crítico en el que un aporte de agua resulta determinante par la producción.

Respuesta productiva del olivo al riego

Se ha comprobado que la producción del olivo incrementa de modo considerable cuando el olivar recibe un aporte de agua complementaria a la de las precipitaciones, especialmente en aquellas zonas o años de baja pluviometría.

riego olivo grafico

Cómo gestionar el agua en el olivar

Olivar en regadío

Sus características son:

  • Marcos estrechos.
  • Producción alta.
  • Nivel de intensificación alto.

Por lo tanto, el riego del olivo en este sistema requerirá que aportes aportación de las necesidades íntegras del agua siguiendo el método del balance de agua, asegurándote de que no falte nunca agua en el suelo.

Riego deficitario

Esta técnica se basa en la capacidad que tiene el olivo de resistir a la sequía. Se trata de racionalizar el riego del olivo en función del efecto del aporte de agua en los momentos en los que se aplica.

Dado que el olivo está adaptado al clima mediterráneo, en el que las lluvias se concentran en otoño y primavera, está acostumbrado a resistir los meses de verano sin agua. Si la aceituna ya está formada, es capaz de mantener el fruto arrugado durante los meses de julio y agosto para rehidratarlo más tarde, en otoño.

Dado que la época en la que menos lluvia se produce es el verano, en este sistema de riego del olivo deficitario se recortan los aportes de agua en estos periodos estivales. No se riega todo lo que se calcula necesario, sino que se aplica un porcentaje de ese cálculo; lo que supone el ahorro de agua respecto al riego total.

Riego de apoyo

Basado en una explotación en secano, el riego del olivo de apoyo consiste en aportar agua en momentos puntuales con el objetivo de salvar la cosecha. Al detectar una falta de agua, en momentos decisivos para la producción, que podría afectar al rendimiento de forma severa se decide aportar agua. Con este método se logra un mayor resultado por unidad de agua aportada. Estos momentos más críticos se corresponden con la floración, el cuajado del fruto y el endurecimiento del hueso. En estos casos, un déficit de agua provocaría que el fruto cayera.

Secano

Este es el sistema tradicional por excelencia en el que la producción depende de la lluvia. Este tipo de plantación del olivo tiene como resultado una producción determinada por la precipitación anual y la distribución de dichas precipitaciones a lo largo del año.

Sistemas de riego en el olivar

El sistema más extendido para el riego del olivo es el goteo. Sin embargo para parcelas en las que solo se hagan riegos de apoyo o la dotación de agua sea baja, el riego localizado con manguera te ofrece una actuación puntual, flexible y barata.

El en caso del riego del olivo no es recomendable usar aspersores, ya que puede favorecer la aparición de hongos.  

Como hemos visto, es muy importante analizar las respuestas del árbol a los aportes de agua, sobretodo cuando las restricciones de agua son acuciantes. Solo así podrás calcular las dosis adecuadas en el riego del olivo en función de cada parcela y el clima durante el año.

Para tenerlo todo anotado y a la mano puedes usar Agroptima, que incluye un cuaderno de campo en el que anotar cada riego y cosecha. Con esta información comparada campo por campo, podrás sacar conclusiones para mejorar la planificación del riego de la siguiente campaña. ¡Prueba la APP gratis!

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