Abono para viña: logra mayor producción con la misma calidad


Los trabajos de abonado de una viña buscan lograr un buen rendimiento del cultivo. Sin embargo, para la elaboración del vino se necesita una uva de calidad que no presente problemas en el proceso de fermentación.

Es decir, necesitamos mantener una calidad del fruto y, al mismo tiempo, nos compensa lograr una mayor cantidad de uva. Para ello, debemos acertar con el abonado. En este artículo te contamos todo lo necesario para lograr un abono de viña ajustado al cultivo y a la calidad deseada.

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El cultivo de la vid y su abonado

En términos generales, la viña es un tipo de cultivo poco exigente en lo que se refiere a la calidad del suelo, riego y abonado. No por nada la vid se ha cultivado tradicionalmente en secanos pobres de zonas con pocas lluvias.

Aun así, actualmente existen plantaciones de vides en diferentes zonas, con tipos de suelo y climas diversos. Esta diversidad tiene como resultado variedades de uva distintas adaptadas a las condiciones de cada zona. Son la materia prima para la elaboración de mostos con características muy concretas según la zona de producción.

Para asegurar el máximo rendimiento de las diferentes explotaciones, una de las claves es el abonado. Se trata de una forma de ganar en producción sin perder en calidad. Si quieres lograr un abonado óptimo, es necesario conocer las particularidades del cultivo y elaborar un plan de abonado.

El plan de fertilización para la viña tiene como objetivo asegurar un nivel de nutrientes en el suelo que permita el crecimiento de la planta y la producción del fruto de buena calidad. Para realizarlo nos ayudaremos de los análisis del suelo y de las hojas. Los primeros son imprescindibles para saber cuál es el nivel de nutrientes existentes en el suelo; luego, una vez puesto en marcha el cultivo, los análisis foliares permiten examinar las hojas en busca de carencias.

En función de las producciones anteriores se estimará el objetivo productivo con el que podremos establecer las dosis de fertilización. Después, podremos corregir las dosis en función de los resultados de los análisis. La aplicación de los nutrientes se hará prioritariamente por el suelo y reservaremos la aplicación de abonos foliares en los casos de carencias evidentes.

Recuerda: el plan de abonado debe hacerse para cada parcela que reúna características homogéneas de suelo y clima, así como de variedad y portainjerto de la vid.

Cuándo aplicar el abono para viña

Tradicionalmente se hace en invierno, durante la parada vegetativa de la vid. Si se aplica el abono un mes antes de que la planta brote, los nutrientes estarán disponibles justo cuando la vid florece y cuaja, es decir, en primavera y verano.

Regadío vs secano

Como ya hemos apuntado, las necesidades varían en función del objetivo de producción de la finca.

  • Las fincas de secano que presentan índices de pluviometría bajos tendrán menos necesidades de abonado.
  • Las fincas de regadío o con pluviometrías altas tendrán más necesidades de abonado. Además, en regadíos con producciones altas podemos aplicar un abono foliar complementario en primavera.

Excesos y deficiencias de nutrientes

Es fundamental conocer la importancia y las consecuencias de aplicar más o menos nutrientes de los necesarios. Es importante estar muy pendiente del cultivo para detectar los desequilibrios nutricionales. Destacan los siguientes:

  • El exceso de nitrógeno: produce un aumento del vigor que eleva los rendimientos y aumenta el tamaño de los racimos, potenciando el desarrollo de podredumbre. Provoca un deterioro del microclima de las hojas y racimos que dificulta los procesos de maduración. El resultado: consecuencias negativas en la calidad.
  • Exceso de potasio: una intensificación de la nutrición del potasio provoca frutos que dan como resultado vinos poco ácidos. La insuficiencia en la acidez conduce a vinos planos con escaso valor organoléptico que obliga a aplicar la enología correctiva.
  • Deficiencia de magnesio: la falta de magnesio conlleva una disminución del rendimiento y de la síntesis de azúcares. Si se detecta a tiempo se puede mejorar con la aplicación foliar de magnesio.
  • Carencia de oligoelementos: es un fenómeno frecuente de los suelos destinados al cultivo de la vid. Las toxicidades por microelementos son menos frecuentes y más probables en suelos de reacción ácida. Las deficiencias de microelementos se detectan observando las hojas aunque, para asegurarte, lo recomendable es realizar análisis foliares. Según el diagnóstico, se pueden corregir las deficiencias aplicando abonos foliares.

Para concluir, es necesario señalar que debemos dosificar un abono para viña efectivo y que podamos costear en función de la cosecha. Por eso es importante llevar un control de los costos de la fertilización que apliquemos a la explotación y relacionarlo con el aumento de rendimiento de la cosecha. Solo así podremos evaluar las dosis óptimas y mejorar la rentabilidad.

Para ayudarte en esa tarea está Agroptima, la herramienta con la que puedes apuntar cada aplicación y llevar un control de cada producción. El resultado son datos muy valiosos que junto al análisis te permitirán ajustar las dosis a una rentabilidad superior de tu finca. ¿A qué esperas para probarlo?

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